Del jardí bell de València
és Ayelo ermosa flor
que escampa, arreu, les fragàncies
que despedeix lo seu cor
Miguel Ferrándiz . "Himne a Ayelo"

.

jueves, 30 de diciembre de 2010

Aportación a la Hª de Ayelo de Malferit. Cap.IV








Los habitantes de Ayelo en 1611 eran casi todos moriscos, tras su expulsión el lloch quedó despoblado y el marqués, D. Lucas de Malferit, tuvo que otorgar una Carta Puebla para repoblar de nuevo el lugar. Ilustración: “Trajes de casa de las mujeres moriscas” (Cristoph Weiditz, 1529). Google Imágenes


LA REPOBLACION DE AYELO: SU CARTA PUEBLA


Como hemos dicho, la expulsión de los moriscos dejó despoblado gran parte del campo valenciano y su repoblación fue lenta y a veces, difícil.

Documentalmente está demostrado que los habitantes de Ayelo, al tiempo de la expulsión, eran casi todos moriscos. No se puede asegurar si en aquella ocasión salieron todos del pueblo o si, prevaliéndose de las excepciones contenidas en el decreto de expulsión, quedaran en él algunos pocos, ya que algunos de los apellidos de aquellos moriscos ayelenses desarmados, con motivo de la Pragmática de Felipe II, de 1563, persisten hoy en nuestro pueblo.

Pero, de todos modos, parece que Ayelo prácticamente quedó despoblado y controlado por su dueño, el Senyor de Malferit. Hemos de hacer constar que la Corona no intervino en la repoblación, con lo que la nobleza pudo actuar libremente. Sólo se prohibieron las antiguas azofras y tandas (de las que luego hablaremos), a las que estaban sujetos los moriscos expulsos, disposición difícil de controlar.

Como las tierras quedaron sin cultivar, una Pragmática de noviembre de 1609 obligaba a los señores a sembrarlas en el plazo de diez días o cederlas a otros para que las sembraran. Pero pasaban los días y todo seguía igual. Una crida de 15 de enero de 1611 ordenó otra vez a los señores a poblar sus lugares de señorío "segons voldran y podran".

Antes de esta última crida, don Lucas Malferit ya había gestionado establecer y emprender la repoblación de su señorío, otorgando la correspondiente Carta-Puebla.

Las Cartas-Puebla son documentos indispensables para conocer el régimen señorial establecido a principios del siglo XVII y que se mantendrá hasta la crisis del Antiguo Régimen.

De la Carta-Puebla de Ayelo hemos encontrado dos ejemplares. El más antiguo es el publicado por Moxó en su obra La disolución del régimen señorial en España (1), copia de la que el diputado valenciano don Pedro Aparici y Ortiz expuso ante las Cortes de Cádiz como demostración de las duras condiciones a que estaban sujetos los vasallos de Ayelo de Malferit. Este diputado, en el momento de su actuación, dijo (copiamos sus palabras):

"Para que se forme juicio recto de la verdad creo indispensable extractar las capitulaciones del lugar de Ayelo de Malferit, pueblo de señorío del Reino de Valencia, cuya escritura auténtica y fehaciente he tenido a la vista por copia.

Con motivo de la expulsión de los moriscos, ocurrida en 1609, don Lucas Malferit, dueño que expuso ser del citado pueblo, dixo: Que éste había quedado despoblado, y así, por escritura ante Onorato Mompó, escribano de la Villa de Ollería, manifestando que se había convenido de palabra sobre su población con algunos Christianos viejos, y deseando reducir el convenio a escritura estableció y dio por enfiteusis perpetua a 57 sujetos, que se nombran, igual número de casas y varias tierras de huerta y secano sin aprecio, con los pactos, capítulos y condiciones siguientes: "

Aquí siguen los capítulos, en número de 25, y la aceptación de los mismos por los 57 sujetos, cuyos nombres no se citan.

Según Ciscar Pallarés, esta Carta-Puebla está escrita en castellano y es de finales de 1610 (vid. ob. cit., p. 175).


Una vista de l'Horta Vella, cultivada ya en tiempos de los moriscos. A la llamada de la Carta Puebla acudieron 57 colonos con sus familias a los que el marqués cedió una casa y un lote de tierras de huerta y de secano que debían cultivar "a us y costum de bon llaurador". Foto: Noelia Vidal


Otra Carta-Puebla, copia notarial de la anterior, obra en el Archivo del Reino de Valencia (2). Es del año 1611, está escrita en valenciano, con el prólogo y el final en latín, firmada por Lucas Malferit, Senyor de Ayelo y habitatoris dicti loci, es decir, habitante de Ayelo, ante el notario Honorato Mompó, el día 16 de agosto de 1611. Consta de 22 capítulos, tres menos que la Carta-Puebla anterior, donde se especifican con minuciosidad las obligaciones de los repobladores a cambio de la cesión por el señor del dominio útil, de tierras y casas de su propiedad, que en aquella ocasión se entregaban. Posiblemente esta copia se extendería ante la llegada de otros nuevos pobladores, además de los 57 sujetos citados más arriba.

Esta copia de 1611 está autorizada por Francisco Hirónimo Martí, "notario publico per totum Valencia regum", que por la diligencia final nos entera que el notario Honorato Mompó había muerto.

Hemos cotejado ambas cartas-pueblas, que coinciden en todo, con las excepciones de los capítulos siguientes:

El capítulo 15: que obligaba a los vasallos a la conservación de la iglesia, murallas, portales, etc. (parte de estas obligaciones estaban comprendidas en Diezmos y Primicias).

El capítulo 17: que obligaba a pagar cequiaje y guardanaga, limpiar acequias, etc. (costumbre inmemorial que regía ya entre los moriscos expulsos).

El capítulo 24: que obligaba a entregar al Senyor, y por sólo cierto número de años (además de las obligaciones generales), 5, 3 ó 2 dineros por año, según la categoría del lote recibido. Y como pasados este número de años ya no tenía efectividad, se comprende que se suprimiera también en la Carta Puebla de 1611, al igual que los capítulos 15 y 17.

No hemos encontrado noticia del modo en que se distribuyeron las tierras y casas, ni la medida de los lotes. Lo que sí puede deducirse es que cada familia recibiría una casa con la obligación de cuidarla y residir en ella con su familia, y un lote de tierras de secano y de regadío que debían cultivar "a us y costum de bon llaurador". Esta modalidad de cesión del dominio útil del suelo reservándose el directo y que en lenguaje jurídico se denomina enfiteusis, era la relación entre el dueño de la tierra y el cultivador de la misma, que ya existía en Ayelo antes de la expulsión de los moriscos.

Para dar una idea de la minuciosidad y reiteración con que las dichas cartas-pueblas exigían a los repobladores sus deberes, transcribimos a continuación el texto del primer párrafo o capítulo de la de 1611, y a continuación, un extracto de los siguientes:


Primo: Que los repobladores del lloch de Ayelo dit de Malferit, sontch obligats de donar y pagar al Senyor del predit lloch o a sos sucesors de aquell, del forment, sevada, matafalera, llegums, panis que sembraren en los orts... de quatre parchelles una de la mateixa materia; que acotumen y solen partir lo blat y ferrada a les heres; axí mateix sien tenguts y obligats a partir panis a la plaça del palaçio y netejar les panolles de les espigues y netes aquelles partir al quart ad dit Senyor, y la part que a dit Senyor incumbira, pujar aquella a la casa del dit Senyor o lo graner, e lo mateix orde es guarde en lo collir que sembraran en les ortes del disusdit lloch.


En la carta-puebla se establece que las higueras son francas, es decir, no se estaba obligado a entregar la mitad de la cosecha, como en el resto de los árboles cultivados. Foto: Google Imágenes


Para abreviar vamos a seguir esta Carta-Puebla de 1611, pero resumiéndola y vertiéndola al castellano.

Ytem: Por las hortalizas que sembraron en las huertas (melones, calabazas, cebollas, ajos, nabos, chirivías, etc.) tenían que pagar al Senyor 'diez sueldos por hanegada', con la obligación, para los que sembraran cebollas (además de pagar los diez sueldos), de dar al Senyor un 'bras de sebes. Pero estos últimos sólo podían cultivar dos hanegadas, bajo pena de perder las hortalizas sembradas.

Ytem: Por todos los árboles que cultivaran, estaban obligados a dar la mitad de los frutos al Senyor, salvo las higueras, que eran francas.

Ytem: Las aceitunas había que llevarlas a la almazara del Senyor con sus respectivas cabalgaduras; partir el aceite por mitad. Pero "lo pinyol" era sólo para el Senyor. Las aceitunas que "colliren padobar" las cobraría el Senyor.

Ytem: Las algarrobas se partían por mitad, con la obligación de llevarlas a la 'plaça del Palaçio para partirlas, subiendo las pertenecientes al Senyor a su casa o almacen de la misma.

Ytem: Todo lo que sembraran en el secano: avena, matalafaga, etcétera, había de entregarse 'el quinto' al Senyor.

Ytem: Por cada hanegada de viña que hubieran encontrado plantada al instalarse en el pueblo como repobladores debían pagar ... (3) al año; comenzando la primera paga en la fiesta de Todos los Santos del corriente año 1611, y sean obligados a podarlas y cultivarlas a 'us de bon llaurador'.

Ytem: Estaban obligados a dar al Senyor por cada casa "en lo tems de batre lo forment, una xabega de palla" y llevarla a casa del Senyor, y dicha paja tenía que ser de trigo y no de cebada.

Ytem: Estaban obligados a tener su "cap major" o domicilio en Ayelo y a residir en él; tierra y casa se perdían por la ausencia continuada de doce meses.

Ytem: Los repobladores, a los seis años de haber ocupado casa y tierras como buenos vasallos, podían vender el dominio útil de ambos bajo las siguientes condiciones: 1º, licencia del Senyor; 2º, vender a quien viniera a establecer su "cap major" o domicilio en el lloch; 3º, que no cargara sobre estos bienes ningún censo (4). 4º, pagar "luisme" (impuesto de transmisión a razón de dos sueldos por libra, del precio de lo que se transmitía); 5º, reconocer el derecho señorial de "fadiga" (preferencia del Senyor para comprar el dominio útil). El incumplimiento de alguna de estas obligaciones ce castigaba con el "comiso" o confiscación.

Ytem: Estaban obligados a moler en el molino del Senyor, bajo pena de sesenta sueldos cada vez que lo contrario hagan; y nadie puede vender harina a otro, bajo la misma pena.

En el capítulo 22, el Senyor se reservaba las regalías, a saber: "lo herbage del bovalar del terme segons lo acostumbrat per ell y sos predesesors fins hui: hostal, fleca (taona), carnicería, horno, almazara y tienda. Y que no puxen vendre nenguna mercadería que es trobe en la dita tenda... ni sardines sens llicensia del Senyor o persones que tindra en son lloch sots pena de sesanta sous."

Las regalías tenían gran importancia económica, pues atribuían al Senyor un derecho de monopolio que obligaba a los vasallos a utilizar una serie de servicios, en beneficio del mismo. En el Reino de Valencia se llaman regalías porque, originariamente, en los comienzos de la Reconquista, eran de propiedad real, cedidos más tarde por el rey a sus vasallos. Como reliquia de una regalía tenemos en Ayelo la partida de huertas "del camino del Molino del señor Marqués", que así se las denomina en las escrituras notariales y que todos en el pueblo saben su situación; al final de este camino existe un edificio, y que suponemos que ya no sirve de molino, a donde antaño todo ayelense tenía que ir a moler su trigo "sots pena de se-santa sous".


Molí d'Allà Baix, antigua regalía del Marqués y al que estaban obligados a ir los ayelenses a moler el grano "sots pena de se-santa sous". Foto: Noelia Vidal


Las regalías no eran explotadas directamente por el Senyor, sino arrendadas, y era el arrendatario el que las explotaba y administraba mediante un precio convenido.

El herbage del bovalar, en general, se refería a todos los pastos del señorío que entonces eran abundantes, dado que la roturación de gran parte del término es relativamente moderna. El bovalar estricto se refería, a nuestro parecer, al espacio de pastos acotados que se dedicaba a la cría de ganado para consumirlo en el lloch (la carnicería era, como sabemos, una de las regalías). La expresión lo herbage del bovalar parece que se refiere al bovalar estricto, en cuyo caso el resto del herbage sería para uso del ganado de los vasallos.

Nada nos dicen las dos cartas-pueblas citadas de quién era la propiedad de las aguas del pueblo, tanto las destinadas al consumo de la población como a las de riego.

Ciscar Pallarés, en su obra Tierra y señorío del País Valenciano (vid. p. 209), dice que "cabe suponer que pertenecían al Senyor, quien, a su vez, las cedería en usufructo a sus vasallos".

La Carta-Puebla de 1610 dedica un capítulo, el 17, a las aguas de riego, y en ella se obliga a los vasallos a pagar cequiaje y guardanaga, a limpiar y conservar acequias y demás dispositivos de riego. En la práctica todo sucedería según la costumbre además de lo pactado.

En las reparaciones de acequias y demás, según el citado capítulo 17, la paga del albañil correspondía al Senyor.

Mª Ángeles Belda



NOTAS:

(1) MOXÓ, S.: La disolución del régimen señorial en España, Madrid, 1965. El diputado valenciano señor Aparicio expuso lo que copiamos, en las Cortes de Cádiz el día 31 de marzo de 1813.
(2) Carta-Puebla de Ayelo de 1611: Archivo Reyno de Valencia; Manamens y Empares, año 1631, libro 6, mano 55, fols. 16 a 17.
(3) El papel del documento está roto e ilegible.
(4) El Censo; era el gravamen que el propietario de un inmueble (casa o tierra), llamado censatario, imponía sobre su dicho inmueble al recibir una cantidad en dinero de un prestamista, llamado censualista. Del pago del censo quedaba afecta la finca gravada, no el propietario de la misma, a quien seguía perteneciendo el dominio de la tal finca. No hay que confundir los censos con las prestaciones hipotecarias, entre otras cosas porque no hay obligación de devolver el capital recibido. Vid. CASTÁN TOBEÑAS: Derecho Civil, tomo I, p. 472. De los censos o censales no sólo se aprovechan los conventos, los clérigos, las viudas, etc., y todo aquel que tenía un pequeño ahorro y buscaba la seguridad total, etc. (vid. TORRES MORERA: La repoblación del Reino de Valencia después de la expulsión de los moriscos), sino algunas casas nobles que se veían con dificultades para seguir su tren de vida. Al expulsar a los moriscos, cultivadores de la mayor parte de las tierras afectadas con censos, aquéllas ya no producían para poder pagar los censales o intereses, ocasionando cierta ruina general. No tratemos aquí de los censos y de sus problemas. Ello sería objeto de una monografía.

viernes, 24 de diciembre de 2010

Aielo de Malferit nevat



Des del blog d'Història d'Aielo de Malferit vos desitgem unes bones Festes i un venturós any 2011



Si fas clic ACÍ pots veure-ho en Youtube i en pantalla completa


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LA NEU

Estampes del passat i del present recent.
Blancor neta, blancor gelada.
Fred net, fred sec.
És la neu.
Esperada cada any i benvinguda sempre.

Carrers, cases i camps, tots es renoven,
nosaltres també.
De la neu sorgeix alegria innocent i sana.
Són rialles de felicitat en veure les volves caure.
Rialles que ens fan retrobar els xiquets que portem dins.
Que ens fan oblidar per moments les coses roïns.

És la neu qui fa el miracle.
És la neu.
La desitjada, la volguda, la mimada.
És la neu la que en entrar l’hivern,
impacients,
esperem la seua arribada.

Mariló Sanz

jueves, 23 de diciembre de 2010

EL REBOST DE MARUJA: TORRÓ DE GAT







“Qui no guarda quan té, no menja quan vol” aconsella una dita popular.

Nosaltres que tenim guardades des de l’estiu armeles a la cambra, anem a traure-les per tal de preparar les pastes de Nadal.

Amb les armeles anem a cuinar un dels dolços més típics en estes dates: el torró de gat, torró senzill de fer i barat, si es té l’ingredient principal. Així que en este cas no es compleix altra dita popular que diu “amb diners torrons”, donat que no són necessaris molts diners per poder fer i assaborir este dolç amb sucre caramel·litzat mesclat amb armeles senceres posades sobre una neula.

I a més a més de ser barat, no es perd res. El caramel que sobra s’enrotlla fent un cilindre, que és especial per als xiquets de la casa, els quals ben contens desapareixen de la cuina amb el seu “puro moro” en la boca.
INGREDIENTS

2 gots d’armetla
1 got de sucre
Neules



MANERA DE FER-LO

Primer cal fer els preparatius per tenir-ho tot a punt al moment de necessitar-ho: buscar el cassó, mesurar el sucre, agafar la cullera per remenar i també hem de preparar les neules, col·locant-les damunt del banc de marbre untat amb un poc d'oli.

I una vegada tot a punt, comencem. Posem en un cassó el got de sucre a foc lent. A poc a poc el remenem amb una cullera de fusta fins que comence a desfer-se. Quan ja està totalment desfet sense grums, s’aboquen les armeles i es mescla tot bé.




Després s’aboca la mescla damunt la neula estenent-la de manera uniforme i es cobreix amb altra neula. Per tal d’aplanar la mescla es posa pes damunt. Es deixa assecar i en refredar ja estan apunt per a menjar.
Diuen que esta recepta es molt antiga, fins i tot sembla ser herència de temps dels moros. El torró de gat és un dolç nostre, tradicional i popular, que pot rivalitzar en la bandeja de Nadal amb qualsevol dels actuals i li pot guanyar.

Vos desitgem uns Nadals ben dolços!...

Mª Jesús Juan i Mariló Sanz

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Crònica Negra a Aielo de Malferit: una tràgica mort ara fa cent anys





Fotografia escolar de 1905. En ella està el mestre Leonardo Carreres (el més jove), i alguns xiquets com Vicente Ferri “El ferrer”, Pepe Ortiz Pinter, Santiago Barber i el ti “Roig de Juana”. Per ser contemporani segurament també està Miguel Beneito i tal volta amics que per desgracia presenciarien el greu accident mortal. Foto. Arxiu Fotogràfic Biblioteca Degà Ortiz


CRÒNICA NEGRA:
UNA TRÀGICA MORT ARA FA CENT ANYS

En este any 2010 que estem acabant, es compleixen els cent anys que una família del poble plorava de desesperació, de pesar, tal volta d’incomprensió per un malaurat fet: un fill va morir.

És evident que no va ser la única defunció al poble, de fet en comptabilitzem a l’any 1910 un total de 54 registrades: 18 eren dones, 16 hòmens i 20 xiquets menors de 14 anys: 9 d’ells xiquetes i 11 xiquets.

En este últim grup està el protagonista d’esta crònica. Si, diem bé. És protagonista i eix principal d’este escrit després de tant de temps. Mai és tard per adquirir protagonisme i ara, en fer cent anys que va morir, considerem que és el moment.

Parem l’atenció en este fet rescatat dels arxius on quedà registrat, per envoltar-se de circumstàncies estranyes que molt al nostre pesar no arribem a saber amb detall.

No hem descobert cap menció en premsa escrita de l’època o en les actes dels plens de l’Ajuntament d’Aielo que pogueren explicar més sobre el cas. Coneixem el que descobrim llegint la partida de defunció.



El xiquet Miguel Beneito Rubio va morir el primer dia de gener de l’any 1910 a les tres de la vesprada, quan tenia encara 12 anys i ja treballava de jornaler. Vivia al nº 4 del c/Major, a l’anomenat Raval que aleshores era la zona habitada per la majoria dels jornalers. Era fill de Rafael Beneito Bataller i Dolores Rubio Bellot.




Acta de defunció de Miguel Beneito Rubio


I se’ns posen els pèls de punta quan s’adonem com va perdre la vida.

El xiquet va morir d’una ferida al pit ocasionada per un arma de foc, en una part del poble que aleshores estava allunyada i despoblada: la partida de les Eres, als afores.

Un cúmul d’interrogants ens venen al cap immediatament i unes quantes imaginatives respostes que podrien donar resposta. Però deixem la imaginació a banda i mostrem solament el que sabem sobre el que ens resulta un misteri. Han passat cent anys i només algú familiar recorda vagament el que li contaren. Poc sabem doncs.

Tanmateix tenim unes dades rellevants que ens ajuden a desvetllar dubtes.

Sabem que va ser un accident amb escopeta segons conten els descendents, i pel que llegim a l’acta, que la tragèdia va passar durant les festes de Nadal, que és just l’època quan al poble hi havia costum de practicar un esport singular: el tir al pitxó.



Acta de naixement de Miguel Beneito


Coneixem de la pràctica d’este entreteniment per una ressenya feta en l’apartat dedicat a esports per Mª Angeles Belda al seu llibre “Aportación a la historia de Ayelo de Malferit”

“...El deporte más singular practicado en aquellos años era el del tiró del pichón a brazos; las tiradas, que se celebraban sólo los días de Navidad, tenían lugar en las eras, que eran, ni más ni menos, lo que hoy llamamos cop, y que constituían una gran planicie que si en la época de siega se acumulaban allí rastrojos, paja y polvo, en Navidades aparecían limpias y horizontales constituyendo un espléndido lugar de paseo. Así, mientras los deportistas (en número escaso) se lucían derribando palomos, las señoritas del pueblo, muy emperejiladas y con sus altos tacones, deambulaban en grupos arriba y abajo hasta el final de la tirada. (Extracte de la pag. 96-97)

I amb tot podem imaginar l’accident: el xiquet es creuaria per davant d’una escopeta, un tir perdut el mataria. Malaurat aquell dia, molta gent presenciaria el trist fet i el succeït trencaria la rutina i ennuvolaria l’alegria arrossegada dels Nadals passats.



Esta fotografia representa un grup d’amics d’ aquella època que solien ajuntar-se en festes i jocs. Colles d’amics, entre rialles i bromes, i famílies completes anaven a vore el tir al pitxó. A l’Era s’hi concentrava la gent, alguns per gaudir de l’esport, altres simplement per passejar-se i presumir de vestimentes tal volta estrenades en les festes nadalenques. Foto. Arxiu Fotogràfic Biblioteca Degà Ortiz


La família esclataria en crits i plors i la gent del poble present quedarien emmudits veient com fatídicament es trencava una vida.

Era només un xiquet, un quasi adolescent que no va arribar a assaborir la majoria de les meravelles que la vida pot comportar i pel contrari segurament ja hauria viscut moltes de les penúries que comportava el viure en aquells temps. Perquè aleshores tenir dotze anys suposava ja un grau important de responsabilitat.

Fatídic dia per al xiquet i mal començament d’any per a la família.

I ressaltem en esta secció de crònica negra, com casualment esta mort, el primer dia de l’any, va ser auguri dels terribles mesos que s’esperaven no només a Aielo, sinó a la resta d’Espanya. Al llarg de “l’any 10”, es succeïren un cúmul de desgràcies socials, polítiques i econòmiques que repercutiren en un grapat d’infortunis i de malaventures que afectaren a molta gent.

Dediquem estes paraules escrites per recordar no només a Miguel, el primer que va sofrir desgràcia, sinó per rendir homenatge a la resta de les famílies que vivien a Aielo durant eixa època i que per unes causes o per altres ho passaren mal en aquell fatídic “any deu”, considerat com un dels pitjors en aquells temps.

Mariló Sanz i Mª Jesús Juan

lunes, 20 de diciembre de 2010

La Vall d'Albaida tras la Guerra del Francés (I)




AÑOS POSTERIORES A LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA
Las órdenes del capitán general Xavier Elío al gobernador de San Felipe (Xátiva) y pueblos del valle de Albaida sobre bandolerismo y otros asuntos
por 
Fernando Goberna



INTRODUCCIÓN

El capitán general de los Reinos de Valencia y Murcia Francisco Xavier Elío y Oloriz (Pamplona 1767 – Valencia 1822) fue un firme partidario del poder absoluto de la monarquía de Fernando VII. Durante los años en los que ocupó el cargo de capitán general en Valencia, desde 1814 a 1820, no dudó en aplicar medidas represivas para combatir asuntos tan importantes por entonces como fue el bandolerismo. Los historiadores le ensalzaron o despreciaron según las ideas políticas de los mismos, así, por ejemplo, el escritor de Ayora José Rico de Estasen escribió una biografia (1) de este militar la cual se publicó en Valladolid en 1940, recién acabada la guerra civil, en plena exaltación de Franco y en una colección titulada Vidas Insignes, en cambio los liberales le acusaron de ejercer un poder dictatorial y aplicar medidas crueles para combatir a sus enemigos políticos.



El conocido retrato del general Elío pintado hacia 1815 por Miguel Parra. Museo de Bellas Artes de Valencia

Elío, pamplonés de nacimiento, fue un militar (2) hijo de militar que tuvo su primer servicio en la defensa de Orán en 1784 cuando era teniente, también estuvo en la defensa otra vez de Orán y de Ceuta en 1790, y asimismo intervino en la guerra contra la República Francesa un año después, en 1791. Después tuvo su etapa americana al ser nombrado en 1805, cuando ya era coronel, comandante general de Montevideo; de allí regresó en 1809, y al año siguiente volvió a Montevideo con el título de virrey de aquel territorio al mismo tiempo que en España se luchaba contra las tropas del rey José I. Elío defendió, en estas circunstancia, la monarquía española, siendo célebres sus proclamas en este sentido; en 1811, por orden de Regencia se embarcó para Cádiz y allí se le dio el mando del cuerpo de ejército que defendía esta ciudad de las tropas francesas, luego pasaría a Alicante al ser nombrado (después de la derrota de Gastarla en agosto de 1812) general en jefe del segundo y tercer ejército en España que operaba en tierras valencianas.

Cuando las tropas francesas abandonaron el territorio valenciano a mediados de 1813 Elío siguió como capitán general de los reinos de Valencia y Murcia hasta la llegada a Valencia de Fernando VII un año después.

Su actuación durante la estancia del monarca en Valencia no dejó ninguna duda sobre su apoyo a la monarquía de valores tradicionales, y así lo manifestó de viva voz en el discurso ante Fernando VII en Valencia el 15 de abril de ese año 1814; días después, el 4 de mayo, en el palacio de Cervellón el rey firmaba el decreto por el cual quedaba anulado todo lo legislado por las cortes de Cádiz; a continuación Elío acompañaría al rey a Madrid cuando ya éste le había confirmado como capitán general de los reinos de Valencia y Murcia. Comenzaban los seis años del llamado absolutismo de Fernando VII y del mando autoritario de Elío en Valencia.

Durante estos años en Valencia obtendría las condecoraciones de la gran Cruz de San Fernando (concedida el año 1815), la americana de Isabel la Católica (el año 1817), la de Carlos III (en el de1818) y la de San Hermenegildo (en el año 1819); y los títulos, entre otros, de socio honorario de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de la Provincia de Valencia, Gobernador político de la misma, presidente de la Real Audiencia, Jefe Superior de Seguridad Pública, presidente nato del Consejo de oficiales generales, de la Junta de Fortificación, y de la Superior de Sanidad, de la de Agravios, de la Policía, de la Real Academia de Nobles Artes de San Carlos, consiliario de la de San Fernando, inspector de la Compañía de Fusileros, Juez Protector de la Real Maestranza de Valencia, de extranjeros y transeúntes, protector de obras del puerto de Grao etc...


Vista de Alcira. De la obra: Views in Spain by Edward Hanke Locker, London 1824

Dice Rico de Estasen (3) que dedicaba a su trabajo en el despacho de capitanía (situado en el entonces palacio de los duques de Villahermosa frente al palacio Arzobispal) diez o doce horas al día, además se ocupaba de presidir actos, revistar tropas o visitar cuarteles; así que sus ratos de recreo eran los que montaba a caballo, acompañado de su esposa, doña Lorenza de Leyzaur, e hijos y pasear por los jardines del Real. Sus ausencia de Valencia en estos seis años fueron pocas, tan sólo una breve estancia en Alicante en 1816, otra en Madrid para consultar algunas medidas que había tomado relativas a eliminar las exenciones en las obligaciones de alojamientos y bagajes, y los cuatro meses que pasó en su tierra de Navarra en 1818 tal y como comentaré.

Lo más inmediato, al iniciar su etapa como capitán general, fue reconstruir algunos de los edificios destruidos en Valencia durante la guerra, no obstante algunos tan importantes como el Palacio Real estaba tan destruido (lo había sido en 1809 por orden de las autoridades encargadas de la defensa de la ciudad) que decidió no hacerlo, y en su lugar mandó ajardinar la zona. Si que mandó hacer obras en la propia Ciudadela, bastante dañada durante la guerra, en la cual acondicionó varios calabozos; también amplió las torres de Cuarte que servía de prisión (además de esta prisión estaban las de Serranos y las cárceles de San Narciso, situada esta cerca del palacio del Temple).

Otra ocupación de este primer tiempo de su mandato fue cumplir las órdenes del gobierno relativo a indemnización, en lo posible, a los perjudicados por la pasada guerra, especialmente a los labradores en un intento de mejorar la agricultura bastante arruinada por entonces; también la de estudiar las muchas solicitudes de pensiones y recompensas por méritos de guerra.

Pero sin duda su gran quebradero de cabeza fue el bandolerismo, los desertores del ejército y en general la gran cantidad de los llamados mal entretenidos que transitaban por pueblos, ciudades, caminos y montes, además de los que se dedicaban al contrabando y demás delitos contra al administración. Elío publicó bandos, mando instrucciones a los gobernadores, tuvo a su servicio el Consejo de Guerra Permanente, el cual empezó a sentenciar a penas de muerte desde 1815 (al menos en este año comenzaron a ser publicadas algunas de las mismas en el Diario de Valencia), e incluso, a partir de 1819, utilizando la tortura en los calabozos de la fortificación de Sagunto; el resultado es el de una batalla que libró sin escrúpulos convencido de que esa era su misión.


Un mando y un soldado de las compañias de miñones según una lámina de la época. Google Imágenes


Para la persecución del bandolerismo contaba con las compañías de miñones (tropa valenciana creada en 1744 con el nombre de Compañía Suelta de Fusileros o Miñones), con la tropa militar que se desplazaba según requerimientos, con los puestos o comandancias que contaban con diez o doce soldados al mando de un oficial, y así por ejemplo las había en Onteniente, Albaida, Mogente y Alcoy, y el auxilio de confidentes y de las llamadas "rondas de la capa", porque sus componentes llevaban capas largas, y era una milicia ciudadana al servicio de la policía que solía utilizar métodos violentos.

De todas las maneras, y Elío lo sabía, la eficacia de su lucha dependía de la colaboración de los alcaldes y de las justicias de los pueblos, así como de los propios vecinos, ya que las cuadrillas de bandoleros necesitaban de su ayuda para refugiarse en el monte y huir de la persecución de la tropa. Elío insistió en esto cuantas veces creyó necesario, amenazando con fuertes castigos a los que incumplieran sus órdenes También obligó a que cada pueblo organizara las llamadas "rondas", las cuales estaban formadas por vecinos de confianza que armados salían a vigilar el término dos veces al mes, días en los cuales se reunían (en lugares determinados) con las rondas de los pueblos vecinos para intercambiar información y luego enviar la misma al gobernador; sin duda estas rondas hicieron mucho daño a los bandidos al tener que mantenerse éstos escondidos en cuevas y demás lugares del monte.

La importancia del bandolerismo en estos años ha sido destacada por historiadores del siglo XIX como Vicente Boix o Juan Bautista Perales en el siglo XIX, o del siglo XX como Sarthou Carreres (en la gobernación de Xátiva). Manuel Ardit Lucas (4) en su conocida obra sobre estos años se refiere a que entonces tuvo lugar la primera edad de oro del bandolerismo ochocentista. La publicación de un reciente libro de Manel Arcos (5) ayuda a comprender los antecedentes de dicho bandolerismo en estos años y a conocer muchos de los nombres de estos bandoleros.


Dado que se ha perdido casi toda la información de los sumarios instruidos en la Real Audiencia (Sala del Crimen) correspondientes a estos años, las fuentes que nos quedan son las propias órdenes de Elío a los gobernadores y de estos a los corregidores, alcaldes y justicias, y las respuestas de éstos (en los archivos municipales), la información dispersa que se puede encontrar en otros archivos, la de las publicaciones periódicas de la época, sobre todo la del Diario de Valencia sobre notas de Capitanía sobre ejecuciones públicas, los libros de la Cofradía de Nuestra Señora de los Desamparados y Ajusticiados (hoy en la Biblioteca Valenciana), o algún diario manuscrito como el del presbítero prior de la iglesia de San Juan de Jerusalén Joaquín Centellés (6), que tituló "Efemérides o bien sucesos memorables ocurridos en Valencia desde el 10 Enero de 1801 hasta fin de Diciembre de 1825".

El presente escrito trata sobre dichas órdenes de Capitanía General al gobernador de San Felipe (Xátiva) y pueblos del valle de Albaida sobre bandolerismo, y así por ejemplo el famoso robo en la venta de Mogente, el cual fue llevado a cabo en enero de 1816 por una cuadrilla de nacidos en pueblos del valle de Albaida, aunque también hago referencia a otros asuntos que me han parecido de interés tales como la de los desertores o las solicitudes de pensiones por méritos en la anterior guerra.

AÑO 1814

Restablecimiento del Consejo de Guerra. Se publica la Real instrucción sobre persecución de malhechores. Búsqueda del canonista de Riogordo. Varios individuos presos en las cárceles de San Narciso. Sobre el guerrillero de la Ollería José Bru fusilado por las tropas francesas. Relación de individuos de Ayelo de Malferit que habían servido en la guerra pasada. Robo en el puerto de Beniganim. Sobre visita a cárceles. Varios individuos encarcelados en las Torres de Cuarte. Búsqueda de los autores del robo en el molino de la partida de Hortuna en la jurisdicción de Requena.


Durante la segunda mitad de este año volvió a publicarse la real instrucción del 29 de junio de 1784 sobre persecución de malhechores. También comenzaron a actuar los Consejos de Guerra Permanentes, los cuales estaban formados por oficiales del ejército (el de Valencia presidido por el coronel Gaspar Franco) asesorados por un letrado; los juicios eran sumarios y las penas de muerte se llevaban a cabo públicamente en la propia Valencia, a los soldados se les fusilaba por la espalda en varios lugares tales como el torreón de Santa Catalina, entre las puertas de San José y Cuarte, la plaza de Santo Domingo junto a la Ciudadela, el llamado rincón de la Aduana, y junto a las tapias del huerto de la Corona; a los civiles el garrote en la plaza del Mercado. Los condenados eran asistidos en sus últimos momentos por la citada Cofradía de la Virgen de los Desamparados y Ajusticiados y, luego, sus cuerpos eran llevados al cementerio de Carraixet (7).



La Ciudadela de Valencia, construida junto al convento de santo Domingo, un baluarte defensivo que en aquellos años servía tambien como polvorín. Google Imágenes


De junio de este año es el escrito de Capitanía (8), firmado por Elío y enviado al gobernador de San Felipe (9), sobre la búsqueda de un sujeto llamado D. Guillermo Strach, más conocido por el canonista de Riogordo (Málaga); a Elío le había sido transmitida a su vez por el capitán general de Cádiz D. Juan de Villavicencio en obedecimiento a una real orden de S.M. de 25 de mayo para su detención.

Con fecha de 2 de agosto (c. 132) Elío comunicaba al mismo gobernador que en las cárceles de San Narciso estaban presos e incomunicados varios individuos como consecuencia de la delación del escribano de Bañeres Laureano Ballester y Garrigos; le enviaba las diligencias tal y como le había dicho en su despacho anterior de 16 de junio.

Días después, con fecha del 8 (c. 132), le informaba sobre el estado de la causa que se seguía en Tribunal Especial de Guerra y Marina, sobre la prisión del guerrillero José Brú fusilado por los franceses en Xátiva, al parecer había comisionado a la justicia de Vallada para ciertas averiguaciones, también se menciona al subteniente D. Blas López Oliveros del regimiento de Castropol, el cual había sido encargado con anterioridad de la instrucción (10).

También de agosto es una relación de individuos (c. 132) de Ayelo de Malferit (también fueron enviadas listas de otros pueblos) que habían servido en el ejército en la pasada guerra, los cuales ya con licencia absoluta residían en el pueblo. El alcalde Vicente Calabuig, y en su nombre el secretario Francisco Martínez, firmaba el 3 de agosto dicha lista que incluía los nombres de doce de estos que eran Miguel Belda, Francisco Exea, Josef Vidal y Marti, Pedro Juan Anrruvia, Francisco Armengol, José Mollá y Pla, Juan Bataller, Joaquín Calabuig, Matias Vicent, Salvador Sanz, Andreu Ximenez y Francisco Juan. Añadía que en dicho lugar no había ningún individuo que hubiera reunido guerrillas en la guerra (11).

El alcalde de Benigánim, Joaquín Torres, por su parte escribía al gobernador el 12 de noviembre (c. 128), que en respuesta al oficio que le había enviado podía informar que al ponerse el sol del día 10, en el puerto titulado de dicha villa jurisdicción de Alfarrasi, cuatro ladrones, dos de ellos con arcabuces, y dos con bayonetas, habían robado cien duros a once arrieros casi todos de la propia villa, y que según noticias que le habían llegado los mismos habían cometido otro robo en una tienda de Barcheta.

Otra preocupación añadida al gran numero de bandoleros era el estado de las cárceles. Elío transmitía al gobernador (c. 132) una orden del Supremo Consejo de Guerra de 29 de octubre por la cual debían de hacerse tres visitas anuales a las cárceles, en vísperas de Navidad, Resurrección y Pentecostés, y luego remitir el informe correspondiente. Las fugas de presos eran constantes como veremos más adelante.

Una cuerda de presos llegó a mediados de noviembre a Valencia procedente de San Felipe, ya que Elío escribía al gobernador (c. 132) que había recibido las dos escopetas largas y cuchillos que le mencionaba el propio gobernador en dos oficios anteriores, junto con las diligencias contra Cayetano Rodenes, Pascual Navarro, Salvador Pisant y Severino Giner, los cuales quedaban presos en las torres de Cuarte. Quizá eran los cuatro ladrones a los cuales hacia referencia el alcalde de Benigánim.

Un robo, no de estos días de finales de 1814, sino ocurrido el 14 de marzo de 1812, fue el del molino de la partida de Hortuna en la jurisdicción de Requena. El corregidor de la misma, D. Pablo Jover, escribía al de San Felipe (c. 132) que los autores del mismo habían sido condenados por aquel robo a penas en presidios de Ceuta y Cartagena, pero que Juan García de Jacintón, natural y vecino de Cofrentes se hallaba fugado y se suponía que por allí se refugiaba. Decía el corregidor de Requena que el alcalde de Cofrentes era un hombre de campo y, además, emparentado con el tan Juan García y que, por este motivo, poco se podía esperar de su colaboración, así que pedía al de San Felipe que librase un exhorto de prisión para tal sujeto, y encargase al comandante de fusileros de la propia ciudad o a quien fuera de su agrado para ir a Cofrentes y llevarle preso.

Fernando Goberna. Publicado en la revista Almaig del año 2009.


NOTAS:


(1) José Rico de Estasen: El General Elío. Ediciones Cumbre, Valladolid, 1940.
(2) Además de la citada biografía están, entre otros escritos sobre este general, las obras de Luis Minguet y Alborch: El general Elío y su tiempo, Valencia. 1922; de Juan García Gonzalez: Prisión, enjuiciamiento y muerte del General Elío ( 1820 – 1822), Valencia, 1984; y la de E. García Monerris, C. García Monerris: La nación secuestrada. Francisco Javier Elío. Correspondencia y manifiesto, Valencia, 2008.
(3) Op. cit., p. 88.
(4) Manuel Ardit Lucas: Revolución liberal y revuelta campesina, Barcelona, 1977. p. 235.
(5) Manel Arcos: La senda dels lladres. Bandolerisme als voltants de la serra de Mostalla (1806 – 1839), Valencia, 2009.
(6) Biblioteca de la Universidad de Valencia: Varia, 88.
(8) Manel Arcos: Op. cit.. pp. 69 – 70.
(8) Archivo Municipal de Xátiva: Correspondencia Oficial, Caja 132 (las siguientes referencias de esta misma sección de documentos de este archivo las colocaré entre paréntesis en el mismo escrito sin utilizar las notas).
(9) Era gobemador en funciones el militar D. Francisco Julián Pérez de Cañas, al poco tiempo fue sustituido por D. Manuel de La Cruz el cual lo fue hasta el nombramiento del brigadier de infantería D. Wenceslao Prieto de la Rosa en 1817.
(10) Este José Bru era natural de Ollería, y seguramente fue hecho prisionero por las tropas francesas en Vallada. Fue arcabuceado en La Alameda de Xátiva el 11 de abril de 1812. Véase en la revista Almaig (Ontinyent. 2008) mi escrito: Las tropas francesas durante la ocupación de San Felipe (Xàtiva) y pueblos del valle de Albaida en la Guerra de la Independecia (desde enero de 1812 a julio de1813), pp. 12-13.

(11) Esto no era enteramente cierto ya que Francisco Armengol sí que se había destacado en el mando de guerrillas, luego, durante el llamado Trienio Liberal estaría al mando de una partida realista en las montañas navarras, dando muerte al famoso coronel Cruchaga que le perseguía (este militar también se distinguió en la Guerra de la Independencia). Véase mi escrito, en el libro-programa de las Fiestas Patronales de Aielo de Malferit, Sobre la intrigante vida de Francisco Armengol. Nacido en Ayelo de Malferit en 1785. Guerrillero de la Guerra de la Independencia, conspirador y jefe de una partida realista en el Trienio Liberal.

sábado, 18 de diciembre de 2010

El Regaera, un volantiner d'Aielo de Malferit




EL REGAERA
per
Mariló Sanz Mora



Sóc Leopoldo Castañeda, d’ofici volantiner i de nom artístic Regaera.

En este any 1997, restant un no res per acabar el segle, me n’adone que també s’acaba el temps per a mi. He viscut molt i si poguera demanar em quedaria una década més. Sé que tant no pot ser, sé que ja he complit amb el destí preparat. Un destí que ha estat ple de misèria i de malviure, el que per tot arreu envoltava. Però també ha estat ple de rialles i de felicitat, perquè el meu ofici ha estat, és i serà, fins que m’acomiade definitivament d’este món, el de portador d’alegries i distracció anant pels pobles. Durant tota la vida m’he dedicat a l’únic treball que he conegut, el que vaig heretar i que he fet sempre, el que vaig dependre mirant els meus pares quan deambulàvem de poble en poble i vaig començar a fer sent només un xiquet.

Encara que no sóc un home de lletra perquè malauradament la meua escola va ser el carrer, compte amb la instruïda ajuda dels meus fills i néts per deixar constància del que vull dir. Escric perquè, ja prop dels noranta anys i a Déu gràcies encara amb empenta per escorcollar al passat, hi ha records del meu poble natal que no vull que obliden els que m’envolten, ni tampoc els seus successors. Vull que quede constància de com era una professió que ja no es fa, al menys com jo la feia, que ja no es viu com jo la vivia, simplement perquè els temps l’han canviada.

Vaig nàixer a Aielo de Malferit, un menudet poble situat en una vall envoltada d’unes muntanyes captadores que durant la meua existència errant sempre he tingut present. Malgrat la vida ambulant que la família portava, el meu pare va voler que el meu naixement fóra al poble on ell havia nascut i d’on era també el seu pare. Hi va ser on em va inscriure en nàixer el dia quatre de març de mil nou-cents set.

Entre les mans tinc la partida de naixement on diu ben clar, com per remarcar el meu destí predeterminat i arrelat, que el meu pare Juan Bautista amb vint-i-set anys el dia que vaig arribar a este món, i ma mare Elisa que en tenia aleshores vint-i-nou i era nascuda a un poble de Guadalajara, s’hi dedicaven a l’ofici de volantiners. Des d’aquell dia de març les meues passes estaven dirigides i ja se sabia què anava a ser de major. El que no m’esperava era, que allò de fer-se adult no tardaria molt en arribar. Saltant-me la innocència i les joguines de la infantesa vaig créixer a la força, no tenia més remei, i ho vaig fer a corre-cuita de la mateixa manera que els meus germans i la majoria dels xiquets de la meua època. Ho portava la societat, la misèria i la pobresa. La necessitat imperava i totes les mans eren bones per ajudar a portar el menjar a casa. En el meu cas, encara era un mocós que no alçava dos pams de terra i ja tenia el meu paper en l’espectacle.

Són tants els records que em venen al cap...són tantes les coses que vull contar... Tenir la partida de naixement a la mà em transporta directament al poble de naixença i em fa ser conscient de com vaig tenir el destí marcat de la mateixa manera que el tingueren els meus pares també. Llegir este paper groguenc i arrugat em fa pensar-hi, com tots a la meua família, ens deixàrem portar per les petjades dels antecessors.

Dels iaios poc sé, poc recorde perquè poc em van contar. Només vaig conèixer una iaia, Dolores, la mare de ma mare que em contava coses del seu poble de Salamanca i de quan anava de volantinera per tot arreu. Del seu marit, el iaio José, que ja havia mort quan jo vaig nàixer, em contava que tenia la gràcia pròpia dels andalusos. Ma mare va nàixer en una família de volantiners i continuà les passes de l’ofici. També el iaio Miguel d’Aielo i la iaia Dolores, que només vaig conèixer de referència i que havia nascut a l’Alqueria de la Condesa, portaren la vida deambulant que comporta el ser volantiner. I així intentant guanyar-se el pa de cada dia, ensenyaren mon pare com se’l podria guanyar ell des de ben xicotet.

Mon pare era conegut a Aielo per Rana. Mil vegades ha contat l’anècdota de l’origen del malnom, malnom que he heretat i amb el qual em coneix la gent d’Aielo. Un dia un carreter el va desafiar a tirar-se d’un pont baix a canvi d’un xavo. Mon pare no ho va dubtar i es va tirar. L’home es quedà espantat en veure com anava a matar-se del colp. Però no va ser així, mon pare va pujar de nou al pont sense més, donant un bot com si fos una granota i exigint els diners que li pertocaven del tracte. El que no sabia el carreter era que havia desafiat a un xiquet que ja havia demostrat, en més d’una ocasió, que en allò de fer cabrioles era un expert.

A penes recorde amb nitidesa els meus començaments, només que era l’encarregat de posar careta de llàstima per aconseguir més guanys quan passava per davant dels espectadors demanat la recompensa després del treball fet per tots. Cadascú sabia quina era la seua funció. Jo aleshores em limitava, a més a més d’arreplegar els guanys del dia, a mirar i dependre. Creava expectació l’actuació sobre cavalls, quan els meus germans saltaven d’un a altre fent uns bots que jo veia impossibles de poder fer algun dia. Generalment la gent quedava meravellada amb este espectacle i es notava perquè el plateret que passava s’omplia més. Unes vegades era un plateret altres un pal llarg amb un pot, altres una coixinera; qualsevol cosa era valida per arreplegar el grapat de monedes que necessitàvem per viure.

Quan actuàvem a Aielo ho fèiem durant una setmana, solia ser cada any, o cada dos, segons el treball de la temporada. Primer ho vaig fer acompanyant els pares, després amb la meua pròpia família, la meua dona i els nostres fills. Cert és que desprès de tants anys i tanta vida viscuda, els records se me barregen al cap i no sé si el que conte és de quan formava part de l’espectacle com a fill, actuant amb mon pare, o com a pare, amb els meus fills.

El que tinc clar és que les actuacions a Aielo eren especials. Quan hi arribàvem, després d’haver demanat els permisos pertinents a les autoritats locals, no calia fer ban, tothom eixia a la porta del carrer en sentir el soroll de la música i el rebombori que armàvem. Portàvem vestimentes de colors cridaners per crear més expectació i era cert que la creàvem, era fàcil amb tant de rebombori. En altres pobles l’agutzil anunciava de cantó en cantó les actuacions, però a Aielo no calia, els nostres familiars s’encarregaven de fer córrer la veu que anàvem a actuar i tothom ens esperava impacient. No calia que foren festes, la festa la portàvem nosaltres. Érem una novetat que trencava la rutina diària en un poble amb poques distraccions i amb gana d’oblidar-se per moments de les preocupacions. Volíem divertir i ho aconseguíem, encara que preteníem viure amb els guanys i només aconseguíem sobreviure.

Durant la setmana que ens quedàvem a Aielo aprofitàvem per veure la família. Un any era una tia i altre era altra, però sempre un dia, ens convidaven a menjar cassola d’arròs amb naps. Era una cassola res a veure amb qualsevol altra feta en altre poble. Passats els anys recorde amb un somriure com desitjàvem actuar al poble pensant en l’arròs que alguna de les ties ens cuinaria. I ara puc dir ben clar que l’alegria per anar al poble no era només enyor per veure la família, era la cassola que ens esperava la què exercia sobre nosaltres el seu poder d’atracció. Els cosins deien que eren els naps d’Aielo els que la feien millor que cap altra. I seria cert perquè gustosos com eixos no n’he trobat enlloc. Sovint ens preguntàvem com sense ser la temporada les ties tenien sempre naps a punt per a la cassola i elles mai volgueren contestar el dubte, només es limitaven a manar que menjàrem i callàrem. Elles mai ho contaren però jo sé que el secret era conservar-los en arena, així duraven uns quants mesos més.

Durant l’estada al poble, la meua dona, els meus fills i la resta d’integrants de l’espectacle ens quedàvem a dormir a l’hostal situat a la mateixa plaça on tenia lloc l’actuació. Ja hi anàvem a quedar-se quan actuava amb mon pare. Recorde l’ama de l’hostal i la cara que posava cada vegada en veure’ns arribar amb tant d’atifell, caixes i baguls on ordenadament guardàvem tot el necessari per a l’actuació. I és que la meua dona era molt organitzada la qual cosa era necessari perquè a l’hora del muntatge de l’espectacle es tenia tot a mà.

I quants amics vam fer a l’hostal!. Hi anava a parar gent de pas, com nosaltres, que vivia lluny i no podia fer el camí de tornada a casa el mateix dia. Sovint coincidírem amb tractants de porcs, la majoria murcians, i amb venedors de teles, menjar o gerres que arribaven de tot arreu, també amb firers i músics. Tots s’hi quedàvem i s’ho passàvem d’allò més bé perquè, a la fi, érem com una família.

Com generalment anàvem durant les festes majors, sovint coincidíem els mateixos, tothom ens coneixíem i si venien nous clients a passar una o varies nits, aviat els consideràvem com integrants d’eixa colla transeünt que formàvem dins l’hostal. I amb açò puc assegurar que les coses no van canviar res des que era menut i hi anava amb els meus pares, fins l’ultima estada al poble abans de retirar-me del món de l’espectacle.

Tal volta els únics canvis que van haver foren les condicions de l’hostal que amb el temps, sortosament, anaren millorant. Em contava mon pare que de menudet dormia sobre sacs de pallús. Anys desprès ja li adjudicaren una màrfega en un llit. Això si, sempre, l’ama de l’hostal procurava que fóra a la mateixa habitació. Com dona previsora que era, tenia adjudicada una estança a cadascú dels que hi anàvem periòdicament. Era d’agrair perquè era com anar a dormir a la pròpia casa. I eixe tracte amb cura arribava també als animals que portàvem, els quals tenien una gran quadra on podien descansar i menjar.

I este hostal, gran casa hostatge que ens donava sostre, presidia una plaça que era el centre del poble, estava sempre animada i era on es discorria gran part de la vida dels aieloners. Hi s’anava per fer la cua i arreplegar aigua de la font, hi es muntava el mercat setmanal que concentrava les dones que anaven a comprar els queviures o a xafardejar al voltant dels esdeveniments del dia i també era el lloc del poble que centralitzava els entreteniments festius, com el cine d’estiu, nuant un llençol d’arbre a arbre, o l’espectacle que nosaltres oferíem.

La plaça s’omplia a l’hora de l’actuació. Recorde la primera vegada que vaig observar amb deteniment el ritual que feia tothom per concentrar-se i veure’ns. Des de l’habitació de l’hostal mirava, sense perdre detall, què feia la gent quan hores abans de l’inici agafava les cadires de sa casa i anava cap a la plaça formant amb els seients el cercle destinat a l’actuació. El veïnat més proper era públic privilegiat, era el primer en posar la cadira o en tot cas podia veure l’espectacle des del balcó de sa casa.

Ni la plaça ni l’hostal han variat molt durant tots els anys passats que estos vells ulls han pogut veure. Només que l’hostal ja no és refugi de viatgers i que en l’actualitat la plaça, que a hores d’ara és coneguda per la placeta de l’hostal, ha perdut part del bullici i la vida que antigament tenia perquè el poble s’ha fet gran i el centre ha passat a ser altre.

El que si ha anat canviant amb el pas del temps és l’ofici, este art sense camuflar ensenyat de manera oral i a base de pràctica i més pràctica. Al principi era més simple, amb pocs elements aconseguíem el que volíem. Passar per damunt d’una corda enganxada d’un arbre a un altre arbre, fer malabarismes amb una pilota o llençar i arreplegar objectes, constituïa la gran atracció del dia, i no calia més. Amb el temps l’espectacle s’allargà i s’havia de fer de tot, ballar en corda, salts, trucs de màgia, parlar amb certa gràcia per aconseguir la rialla del públic...qualsevol cosa era bona, perquè quan més contenta quedava la gent, més monedes arreplegàvem. Encara que en pobles menuts, com Aielo, era mísera la quantitat resultant. I és que els jocs d’equilibri, els volantins, el passar pel fil...tot era en els començaments, un espectacle ofert de manera gratuïta, deixant a la voluntat del públic la gratificació.

I a més era un ofici que tenia els seus riscos. Alguna vegada perdérem l’equilibri en passar pel fil o saltar de cavall a cavall i ens portà a més d’un accident. Mai oblidaré el dia quan actuant a la plaça l’hostal passà un bateig pel carrer de baix. La comitiva anava distreta cantant les cançons típiques de l’ocasió, de sobte el padrí del nounat va llençar caramels i cèntims sense adonar-se’n que anaven cap al lloc d’actuació i era just quan fèiem un exercici d’equilibri. Sortosament va haver qui estava alerta i va evitar la tragèdia. No sé exactament qui de tots va estar a punt de caure i qui de tots ho va evitar, però si que ens emportàrem un fort ensurt.

No puc evitar les confusions i barrejar records, però ara em ve al cap de manera clara, com si fóra ahir, quan va morir mon pare, ja jubilat per l’edat. Jo tenia actuació. Així que el vaig enterrar i com tot artista que li se presenta el mateix cas, vaig haver de divertir la gent per la nit. Va ser molt dur, però vaig fer el que ell haguera fet. Les seues despulles van quedar per sempre a Aielo. Però a hores d’ara no està clar el lloc exacte. La reixa de ferro negre que envoltava la fossa va desaparèixer anys desprès degut a reestructuracions del cementiri.

Mon pare ja no estava entre nosaltres però la tradició familiar de l’ofici havia de continuar, i la vida també. De fet feia anys que l’havíem substituït posant-se al càrrec de l’empresa familiar. Els germans vam seguir junts, vam anar casant-se i a l’espectacle anaven afegint-se els fills de tots. La meua dona Fe, era murciana, concretament de Corvera, lloc des d’on escric en estos moments i on tinc casa des què em vaig casar, i no sols m’acompanyava amb molta gràcia, destresa i habilitat en l’espectacle, a més a més era l’encarregada de fer el vestuari. Era una dona molt valenta, polida i guapa.

I jo, en retirar-se mon pare i al capdavant de la companyia, feia de tot als espectacles: passar la corda, tombarelles, màgia...però el que més m’agradava era fer de pallasso. Amb la meua disfressa plena de simulats pedaços, complia el paper de l’imprescindible personatge que amb disbarats, alguns preparats i altres improvisats, feia riure a tots. Les naturals ocurrències enginyoses agradaven i solia dir-ne sovint intentant adequar-les a cada poble. Durant anys vaig actuar junt a un company, Egea, junts fèiem riure a grans i menuts perquè oblidaren per moments els problemes que en acabar l’actuació i tornar a casa anaven a trobar-se de nou. En les actuacions amb Egea la meua frase preferida era “el que sap, sap i el qui no s’ensenya” i la repetia amb el gest de mostrar la punta de la gran sabata que portava per a l’ocasió. I recorde que només iniciar la frase i començar a mirar-me el sabatot la gent reia espontàniament.

Així ha anat evolucionant l’ofici. L’espectacle del volantiner solitari que fa de tot ha anat desapareixent. S’havia de donar més varietat i cada vegada érem més i més persones en cada actuació. A l’espectacle afegiríem gimnastes, tragafocs, ballarines damunt de cavalls, més pallassos, més animals amb els seus domadors... i músics. Amb el temps la musica ha passat a ser imprescindible per fer rodar els cavalls per la pista, per sincronitzar els salts, per fer jocs amb les boles que roden de la mà al cel i del cel a la mà sense caure al terra....En l’actualitat ja no hi ha prou amb el rudimentari instrument que s’utilitzava en temps passats i llunyans; ara és imprescindible la música de banda. Tot molt diferent d’abans.

La meua vida de volantiner portant la diversió allà on anava ha estat llarga, han estat molts anys dedicant-m’hi fins que em vaig retirar. I des d’aleshores no he deixat de rememorar moments viscuts. També ara, en la solitud de la casa de Corvera, recorde el moment quan deixàvem Aielo després de l’espectacle. Ho fèiem amb tristor, amb el ressò de l’aplaudiment per l’actuació feta... escoltant el riure de la menudalla...i fent bromes al voltant de la cassola d’arròs al forn amb naps que ens menjaríem en tornar la propera vegada a casa les ties.

Me n’alegre de la vida que he portat i estic content perquè alguns dels meus fills han continuat treballant en diversos circs recorrent països d’Europa, i encara alguns nets segueixen fent l’ofici en l’actualitat.

Diuen que la flama de l’artista sempre està encesa, que el reconeixement del públic dóna vitalitat i és necessari tenir-lo de tant en tant per mantenir-la. Deu ser cert. Fa un parell d’anys, en complir-ne 87, vaig retornar a l’ofici amb el circ Austràlia muntat per una de les nétes, Matilde. Volia escoltar l’aplaudiment de la gent, ho necessitava. Hi he actuat unes poques vegades per mantenir la flama viva. Però els anys no perdonen i encara que tinc ganes de fer molt, les forces no són les mateixes. Tenia que acceptar-ho, la vida deambulant ja no era per a mi. Tanmateix vaig trobar altra manera de seguir fent l’ofici. En els últims temps m’hi dedique a portar la diversió als menuts de Corvera en un transport escolar. La roda de la vida ha fet que els últims passatges siguen com el del inici, anant de poble a poble. Estar envoltat de l’espontaneïtat dels exigents xiquets m’ompli de goig, em dóna alè. Espere poder seguir uns quants anys més compartint alegries amb ells.

* Leopoldo Castañeda, Regaera, va morir l’any 2000 amb 93 anys.

Mariló Sanz Mora. Del llibre Contes pel mòbil.